Radio/Psicología Torrelodones

   
 
 
   
     
 

Alguien me dijo una vez que la terapia y las clases de música son cuestiones que suelen posponerse indefinidamente. Por eso, quienes llegan finalmente al consultorio de un psicólogo, psiquiatra o psicoanalista, lo hacen cuando ya no pueden más. Muchas veces acuden con una serie de síntomas físicos en apariencia inexplicables. Han peregrinado de médico en médico buscando solucionar un malestar físico que no responde a los tratamientos y que muchas veces ingresa en la gran bolsa de enfermedades cuya causa es imposible de determinar.
Es una situación límite en la que el cuerpo es el que se queja aunque el dolor que lo origina esté en el alma…
“Dice el médico que es psicológico… ” oímos decir, como si esto hiciera automáticamente más manejable, menos importante nuestro padecimiento. Entonces, respiramos aliviados pues como el mal no es físico … y ahí viene la pregunta: ¿De qué manera lidiamos con un síntoma físico que es en realidad psicológico? ¿Cómo es que el cuerpo puede enfermar por problemas emocionales? Pero esto es así, y esos "dolores del alma" son aún más enigmáticos que los del cuerpo porque los problemas emocionales no tienen un punto localizable como sí lo tienen los órganos del cuerpo. Hoy la ansiedad se nos puede manifestar en ataques de pánico, mañana en una voracidad por la comida y pasado en una irritabilidad insoportable. En otros casos se encarna en una úlcera gástrica, migrañas o dolores múltiples…
La forma en que se manifieste ese malestar emocional dependerá de muchas circunstancias: la intensidad, el tiempo, la historia particular de cada caso, etc.
Pensamos entonces que la causa que lo genera se resolverá sola, que ya pasará, buscamos respuestas en Internet y nos decimos que no necesitamos a un profesional de la salud mental para atacar un problema que no está en nuestras manos resolver. Esto quizá funcione para algunos, pero para muchos otros la cosa no se resuelve tan fácilmente, el síntoma persiste e incluso se acentúa con el tiempo. La desesperación es difícil de sobrellevar y por ello, la mayoría de las veces es mala consejera.
Otras veces aprendemos a vivir con ello, a costa - claro está - de limitaciones muy importantes en nuestra vida personal y la de quienes viven con nosotros.
Paradójicamente, la solución que la sociedad ha terminado por ofrecer a los problemas psicológicos, -sea que tengan una expresión física o no- no es un tratamiento psicológico, sino uno médico… Tenemos hoy en día, una inmensa variedad de medicamentos dirigidos a aliviar el malestar físico cuya causa no es física, aunque sea allí donde se manifieste. Probablemente el síntoma se atenúe por un tiempo, que será variable según la gravedad de la situación y la persona, pero al no atender su causa de origen emocional, el problema retornará.
Los tratamientos psicológicos son caros, porque son largos, no existen formulas rápidas (aunque no faltan quienes las ofrezcan engañosamente) porque no sirven las respuestas "enlatadas", porque hay que poder seguir adelante con varias incógnitas, pues el profesional de la salud mental esta lejos de ser un mago o adivino; requiere paciencia y constancia y enfrentarse con un sufrimiento psíquico que hemos aprendido a enterrar o a esquivar por mucho tiempo.
Hay algunos países como por ejemplo Reino Unido, que han aprendido a incorporar a los psicólogos y psicoanalistas en su sistema de salud pública, pues es una manera de contener y ayudar a las personas que no pueden pagar un tratamiento privado. Lo hacen no por caridad sino porque saben que da mejores resultados que dejarlas libradas a su suerte, y porque han constatado que es absurdo suponer que no tienen consecuencias para la sociedad: los problemas psicológicos son altamente incapacitantes.

 

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